sábado, 11 de octubre de 2014

Hoy... en mi azucarillo.


Juanma dejó su móvil sobre la mesa.

-Buenos días, dijo mientras tomaba asiento.

Y después de las preguntas habituales, tales como ¿Cómo va el trabajo? ¿Y la familia, cómo está?



Juanma entró en harina.

-Bueno, tú crees que puede haber un azucarillo en la cesta que no tenga nada que ver con la política, que no podamos relacionarlo… tú ya me entiendes.

-Te entiendo, te entiendo. Le dije yo.
En ese momento, el camarero entra en escena: Buenos días, señores. Aquí tienen lo de casi siempre. Dejó nuestros cafés y la cestita sobre la mesa, y se fue.

-Ahí está la cesta. Dijo con una amplia sonrisa.
Alargué la mano y cogí dos azucarillos y los dejé en la mesa.

-Coge el que quieras y lee. Le dije.
Juanma cogió el más cercano a él, y poniéndose de pie, como si fuera a dirigirse al Parlamento, leyó:


“Nada tan peligroso como un buen consejo, acompañado de un mal ejemplo.”


Pensé decirle aquello de que a los hijos como mejor se les educa es con el ejemplo. Que la frase hacía referencia a la educación.  Pero, ¿para qué? La sonrisa de triunfo en Juanma me indicaba que lo mejor era aceptar con dignidad la derrota, por lo menos hoy. Guarde silencio.

-José, querido amigo, voy a ser breve. Eso es lo que hacen nuestros políticos: buenos consejos y mal ejemplo. Y como dices tú,  no todos, la mayoría, porque España es democrática.

Echó el azúcar en mi café, le dio vueltas a la cucharilla y me dijo:

-Tomate el café y hablemos de la Selección.



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